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sábado, 1 de noviembre de 2014

GANEMOS el SSP: Lo intentamos



Es 1 de Noviembre y lo prometido es deuda.

El resultado de la votación ha sido, por poco margen, que Ganemos el SSP tratará de nacer el próximo Sábado 13 de Diciembre en Madrid. El horario habrá que fijarlo definitivamente en función de otras cuestiones logísticas, pero la idea es empezar hacia las 12:00 y terminar antes de las 17 h.

Ahora hay que hacer dos cosas inmediatas:
  • Primera, buscar un local adecuado para una reunión como esta. Desde ahora mismo se admiten sugerencias factibles. 
  • Segunda, que a su vez condiciona a la anterior, saber más o menos cuántas personas van a venir a esta reunión para poder organizar la logística. Para ello tenemos que abrir desde ahora mismo la inscripción. Todas aquellas personas que hayan enviado un correo electrónico a ganemosssp@gmail.com recibirán en los próximos días un correo electrónico con el acceso a un formulario para inscribirse. Aquellas personas que no lo hayan hecho deberán hacerlo como paso previo a recibir por correo electrónico el acceso al formulario de inscripción

La inscripción estará abierta sólo hasta el 1 de Diciembre porque necesitamos acomodar el espacio a las personas asistentes y eso requiere un tiempo suficiente de preparación.
Por supuesto, la inscripción es gratuita. Cada uno deberá financiarse su desplazamiento y su comida. Más adelante, si Ganemos el SSP se constituye formalmente habrá que establecer alguna forma mínima de financiación para soportar la actividad -tampoco necesitamos mucho-. Pero por ahora partimos de 0 €.

La propuesta de lo que haremos en esa reunión está ya más o menos esbozada en la entrada anterior de este blog, "Avanzamos con Ganemos". Pero no hay nada definitivo.

Algunas personas me han preguntado qué quiero hacer con todo esto. Yo les digo que no tengo ninguna idea prefijada y que lo que tengo en la cabeza es, simple y llanamente, lo que vuelco en este blog. No hay ninguna agenda oculta, ningún programa predeterminado.

Sólo hay, eso sí, una profunda convicción: que, como decía Mounier, "este es el tiempo de los insurrectos", no el tiempo de los cultivadores del jardín privado. Algo va mal, todo parece estar cayéndose a pedazos y nosotros tenemos que avanzar para impedirlo. Es decir, no podemos seguir sólo pataleando -cosa que es muy, muy importante y necesario hacer-, sino que además tenemos que armarnos para construir el futuro. En cualquier caso, lanzo ya dos documentos para ir calentando motores.

  • Un primer borrador de una de los primeras cosas que, a mi modesto entender, tendría que fijar Ganemos el SSP: los principios (éticos) básicos del modelo de SSP que queremos. Obviamente es un borrador, una propuesta discutible, matizable y cambiable en el proceso participativo. Es, pues, simplemente, un documento para empezar a hablar y que no dudo que resultará polémico. Ahí va pues esta primera propuesta para el debate:
    • "Diez principios básicos para Ganar el Sistema Sanitario Público en España"


  • Segundo documento. Un primer recopilatorio de lo que han propuesto los partidos y organizaciones políticas respecto a la salud  en las elecciones generales de 2011. Se trata de tener un referente para saber qué han dicho que querían hacer, qué han hecho y no han hecho o a qué aspiran. A partir del análisis Ganemos el SPP tendría que construir, siempre de forma colaborativa, abierta y ciudadana, su propia propuesta. 

Y esto es todo. La suerte está echada.

Imágenes: Rob Gonsalves.



domingo, 5 de octubre de 2014

AVANZAMOS CON GANEMOS


Hoy cumplimos un mes.

Desde el 6 de Septiembre de 2014, fecha en que apareció en este blog la entrada "Ganemos el futuro del sistema sanitario público en España", ha sido visitada 2.633 veces, y ha recibido 60 comentarios.  Además, 47 personas han enviado un correo de apoyo e interés a la dirección ganemosssp@gmail.com . Invito a hacerlo a quienes no lo hayan hecho ya, porque así podrá generarse una lista de correos con todas las personas interesadas. 

La respuesta ha sido, pues, espectacular. Creo que ahora me corresponde entonces dar un segundo paso, tal y como en el post se prometía. 
Tratemos pues de empujar un "Ganemos el sistema sanitario público" o el nombre que queramos darle en el futuro. 

Los pasos son los siguientes: 
1) Escoger una fecha para realizar una reunión en Madrid a finales de Noviembre o primeros de Diciembre. Ya he creado un doodle donde se puede votar: AQUI. Estará abierta hasta el 1 de Noviembre. 
2) Buscar y fijar un lugar para la reunión.
3) Inscribirse para la reunión (lo haremos más adelante mediante un Google Docs)
4) Celebrar esa reunión, para la que propongo el siguiente orden del día provisional -abierto pues a modificaciones e incorporaciones que propongan quienes asistan: 
  • Reflexionar acerca de si tiene sentido organizar un movimiento como el Ganemos el SSP o si, por el contrario, conviene integrarse en otros movimientos que ya se están articulados en el resto del Estado, como por ejemplo los círculos Podemos Sanidad. Es importante no dividir, sino potenciar.
  • En caso afirmativo habrá que decidir: a) Objetivos, b) Nombre del movimiento, c) Organización interna y Metodología de trabajo d) Cronograma de trabajo, e) Alcance temporal del movimiento
Por mi parte tengo algunas ideas al respecto, pero son opiniones totalmente personales que no pretenden marcar nada. 

Creo que sí cabe un Ganemos el SSP, aunque deberá hacerse un gran esfuerzo para coordinarse con todos los movimientos y organizaciones que está ya luchando por la sanidad pública en España. Tiene que haber esfuerzo de convergencia.

Creo que el objetivo debe ser elaborar una propuesta (un documento) acerca del sistema sanitario público que queremos que tenga España en los próximos años. Entiendo que ese documento debe adoptar una forma intermedia entre "programa electoral" y "libro blanco", aunque debe estar más cercano a lo primero que a lo segundo, sobre todo porque debe ser un documento que resulte accesible a toda la ciudadanía, no sólo a los profesionales. Además, quizás previamente, convendría elaborar un documento de principios éticos básicos que deben marcar el futuro del sistema sanitario público. 

Creo que el objetivo final es condicionar a los partidos políticos que se presenten a las elecciones generales de 2015 para que asuman los postulados de Ganemos. 


Creo que tiene que ser un movimiento abierto, ciudadano, no exclusivamente de profesionales de la salud, aunque entiendo que, inevitablemente, habrá una alta prevalencia de profesionales si esta idea llega a cuajar.

Creo que la metodología debería ser altamente participativa, usando las diferentes herramientas que ofrece la red para ello, con el fin de minimizar las reuniones de presencia física. Un buen elenco de estas herramientas puede encontrarse en el Blog el 4º Poder en Red (entrada 1 y entrada 2). 

Creo que, desde el punto de vista organizativo, resulta clave organizar un buen equipo de comunicación, porque si se quiere generar discurso hegemónico, hay que ganar presencia en los medios de comunicación. 

En mi opinión, el alcance temporal del Ganemos llega hasta las elecciones generales del 2015. Luego, en mi modesta opinión, debería ser disuelto. 

Y ya está... Ahora, en marcha...!


sábado, 6 de septiembre de 2014

GANEMOS el futuro del Sistema Sanitario Público en España


"Sólo se necesita una chispa para incendiar una granja. 
Se precisan, se precisaron, años para construirla. 
Eso no es difícil; no es ingenioso. 
Se requieren meses y meses, se necesitó un montón de trabajo para que creciera la mies. 
Y no hace falta más que una chispa para quemarla (...).
De la esencia del arado es el trabajar veinte años. 
De la esencia del sable el trabajar un minuto." 

Charles Pèguy. 
El misterio de la caridad de Juana de Arco. 
1907


Estamos en un situación de emergencia y tenemos que hacer algo.

Twitter y Facebook están llenos de lloros y lamentos, quejas, críticas certeras y ácidas denuncias sobre el proceso de descomposición del sistema sanitario público de este país; un proceso que ha acelerado exponencialmente el Partido Popular desde que llegó al Gobierno.

En la blogosfera sanitaria se presentan estudios, cifras, gráficas, encuestas a barullo que muestran la rapidez y redondez de una destrucción, cuyas bases, todo hay que decirlo, ya sentó el anterior gobierno socialista con sus políticas económicas neoliberales.

También hay "pactos" de defensa del sistema sanitario público que suenan más a estrategias de posicionamiento político de los firmantes para salir en la foto, que a verdaderos compromisos de acción.

Lo sabemos: la desigualdad crece y la austeridad mata. Pero el clamor intelectual ya no basta. Resulta necesario, imprescindible, pero es insuficiente. Hay que pasar a la acción. Y la acción es acción política -lo cual no significa necesariamente, aunque tampoco lo excluye, acción partidaria-.

Hasta ahora, la acción política se ha limitado básicamente a reivindicar en discursos y corear en manifestaciones que "defendemos el sistema sanitario público". También ha habido luchas mucho más concretas, valientes y comprometidas cuyo resultado no ha sido precisamente pequeño, pongamos el caso de AFEM y la Marea Blanca de Madrid o, más recientemente, de Cataluña, Barcelona en particular.

El problema es que, aunque estos admirables pronunciamientos y levantamientos ciudadanos han "parado" procesos de destrucción, no han venido, en general, acompañados de propuestas globales de futuro. Y el sistema sanitario público que reivindicamos no puede ser, sin más, el que teníamos hace sólo 7 años, antes de que entráramos en el túnel de la crisis. El futuro no puede consistir en la añoranza de una vuelta al pasado. Ese pasado ya no existe, pero el futuro sí que está por construir. De la mera defensa hay que pasar, por tanto, al ataque constructivo.

Además, hay que reconocer que no todo lo que teníamos era defendible. Hay cosas del pasado que tendríamos que superar. Por ejemplo, es crucial desterrar definitivamente el hospitalocentrismo del sistema. Aunque todos los políticos de todos los signos parecen soñar con Alma-Ata a todas horas y dicen que el sistema sanitario tiene como pilar la Atención Primaria, sus decisiones políticas reales cuando llegan al poder revelan su cinismo: el gasto público hospitalario apenas ha descendido en los últimos años, cosa que sí ha sucedido con el de Atención Primaria, que está en continua caída, dejándola permanentemente infrapresupuestada. Lo mismo que la Salud Pública, la Salud Mental y la Atención Sociosanitaria, incluida la Dependencia.

También habrá que reconocer que han existido y existen lagunas de ineficiencia, extensas a veces, que habría que drenar, aunque a veces duela, porque la ineficiencia destruye la equidad... Asimismo habremos de aceptar que quizás no sea posible que se cumpla la Carta a los Reyes Magos del "todo, para todos y gratis" y que será necesario, inevitable, priorizar. La cuestión será entonces determinar quién, cómo, cuándo, para qué y para quién priorizar, de tal forma que los perjudicados no sean los de siempre, los más pobres.

Hay, por tanto, muchas cosas urgentes que debatir, unas más generales, otras más filosóficas, otras más técnicas: el reto de la desmedicalización de la sociedad, la política farmacéutica y la relación con la industria farmacéutica, financiación y copagos, las listas de espera, política de investigación, política de salud pública, gestión pública vs gestión privada, gestión de la calidad y la seguridad, motivación e incentivación de los profesionales sanitarios, contratación de profesionales, elección de cargos directivos, cartera de servicios a la ciudadanía -incluyendo el debate sobre las medicinas alternativas, las vacunaciones, etc-, protección de la autonomía de los pacientes -incluyendo el debate sobre el aborto, la eutanasia y el suicidio asistido-, mejora de los cuidados paliativos y la atención geriátrica,  integración sociosanitaria, etc, etc. Muchas de ellas corresponden con temas que ya los expertos han señalado como prioridades necesarias de acción y de investigación para el futuro, pero otras son nuevas y nacen con los nuevos tiempos y las nuevas realidades.

Por eso quiero hacer un llamamiento, a todos los ciudadanos y ciudadanas y a todos los profesionales sanitarios de este país que estén preocupados e interesados en pensar el sistema sanitario público del futuro, para que abramos un proceso de debate y construyamos propuestas atrevidas y viables.

El movimiento político más radicalmente innovador que, en los últimos años, se ha producido en España, Podemos, ha creado o está creando Círculos de debate sobre Sanidad en cada Autonomía. Esto es interesante, porque permitirá discutir la idiosincrasia de la prestación de servicios sanitarios en cada uno de esos territorios. Pero es a todas luces insuficiente. Hace falta pensar juntos un diseño general de nuestro sistema sanitario público del futuro, sea en el marco político actual de la España de las Autonomías o en un hipotético marco confederal. Y quizás tenga que ser un debate que vaya más allá de los Círculos Podemos para construirse de manera aún si cabe más participada, integrando personas de otras opciones políticas y movimientos ciudadanos, tal y como han hecho los procesos de Ganemos. Creo que hay que generar un Ganemos el futuro del Sistema Sanitario Público en España.


Resulta urgente e imprescindible que abramos un debate sobre esta materia y que elaboremos entre todos y todas una propuesta ciudadana que pueda ser presentada a las diferentes fuerzas políticas antes de las próximas elecciones generales de 2015 para que la asuman en sus programas electorales junto con un compromiso de cumplimiento. No se trata, pues, de elaborar un sesudo "documento" más, un bonito "manifiesto" más, un luminoso "consenso" más que se queda en papel mojado a la vuelta de la esquina.  Hay que tener la decisión firme de generar un discurso hegemónico sobre la política sanitaria del futuro en España, un discurso influyente que los partidos políticos no puedan ignorar, sea para denostarlo, sea para aceptarlo y cumplirlo.

La metodología de trabajo deberá ser similar a la que se ha desarrollado en los círculos de Podemos o en los procesos de Ganemos: metodologías abiertas de participación ciudadana radical.

Si alguien quiere embarcarse en esta tarea de empujar el arado de un sistema sanitario público para el futuro, un arado que desarme el sable que cada minuto que pasa lo corta y recorta más, que deje sus datos de contacto en los comentarios de este post o me los envíe a esta dirección de correo que he creado: ganemosssp@gmail.com

Si en un mes llegamos a 50 personas, nos pondremos en marcha preparando una primera reunión en Madrid para decidir entre todos y todas qué queremos hacer y cómo llevarlo a cabo.

Yo no soy nadie, ni solo puedo nada. Tampoco sé qué es lo que hay que hacer, ni cómo hacerlo. Pero muchos juntos podemos construir colectivamente nuevos horizontes. Otro sistema sanitario público es posible para el futuro de nuestros hijos y para el nuestro propio. Pero eso nos exige pasar YA, de la melancolía, a la acción. 

Imágenes: Cuadros de Eduardo Úrculo.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Ética y huelga sanitaria

La palabra "profesional", aunque se use actualmente de forma general, haciéndola casi sinónimo de "trabajador", tiene en realidad un espesor y una complejidad muy importantes. No puedo ni quiero profundizar ahora en esa idea por lo que iré directamente al grano para hablar de la profesión sanitaria, de lo que significa ser tal cosa y de cómo ello repercute en nuestro juicio sobre la legitimidad ética de una huelga de este colectivo.

Un profesional sanitario es alguien que, actualmente, posee una identidad compleja. Tiene que asumir al mismo tiempo cuatro dimensiones, cuatro "identidades", de cada una de las cuales se derivan exigencias éticas. Así, tiene una dimensión profesional de compromiso individual con sus pacientes concretos, tiene además un compromiso profesional social con la protección de la salud colectiva y la eliminación de las desigualdades en salud, tiene también unos derechos laborales como trabajador y por último tiene obligaciones como ciudadano en la defensa de una sociedad justa, pacífica y equitativa.  Ser un buen profesional sanitario hoy en día implica saber mantener adecuadamente la tensión ética de estas cuatro identidades.

La emergencia progresiva y sumativa de estas diferentes identidades es fruto de la historia. Y la manera en la cual los profesionales sanitarios han afrontado la posibilidad de hacer una huelga está relacionada con su surgimiento. 

Es curioso que no exista mucha literatura sobre las dimensiones éticas de la huelga de los profesionales sanitarios. Quizás se deba a que una "huelga médica" ha sido una realidad extraña al mundo de la Medicina hasta hace bien poco. De hecho, este fenómeno sólo aparece es a partir de la segunda mitad del siglo XX. Por eso, la historia de la huelga médica hay que analizarla a la luz de la historia política y económica de las sociedades avanzadas, que es el motor de la progresiva transformación de la identidad profesional de los médicos.

Para comenzar: una de las primeras huelgas médicas de las que se tienen noticia se produjo por la resistencia de los médicos a la expansión del Estado de Bienestar mediante la creación de servicios sanitarios públicos y por su defensa de los clásicos modelos privados de ejercicio profesional liberal. Tuvo lugar en 1962 en la provincia canadiense de Saskatchewan. Los médicos querían que el Gobierno de la provincia suspendiera la implantación de un seguro médico universal. Obviamente actuaban desde la identidad profesional más clásica y primigenia, la que se identifica con el contrato moral -o legal- privado del médico con un paciente individual en orden a proteger y cuidar su salud. Los médicos canadienses pensaban que el proyecto amenazaba esa identidad. Afortunadamente fracasaron y el proyecto del gobierno salió adelante, permitiendo así que la configuración del sistema sanitario público canadiense avanzara. Pero con ello se abrió la puerta a la adquisición de una segunda identidad, la del médico como trabajador asalariado. Esto era algo que ya había venido ocurriendo de forma progresiva en Europa a medida que, tras la Segunda Guerra Mundial, emergían los Estados de Bienestar.

Sin embargo, parece que estas dos identidades consiguieron armonizarse lo suficiente y lo cierto es que no existen noticias de huelgas médicas prácticamente en los siguientes 20 años. Eran años de riqueza y de expansión acelerada de los sistemas sanitarios y de la medicina tecnológica. Pero el cambio de ciclo económico subsiguiente a la crisis del petróleo de 1973 hizo girar la rueda de la Historia. La crisis trajo como consecuencia un cambio de ciclo político, ejemplificado en dos personas: Margaret Thatcher y Ronald Reagan. Con ellos, el Estado de Bienestar sufrió el primer ataque serio de su historia por parte del capitalismo neoliberal y de la tradición política y moral neoconservadora.

Hay que decir que, en mi opinión, este primer ataque no se atrevió a asaltar realmente el corazón del Estado de Bienestar: lo podó, lo contrajo, lo hirió, pero no se atrevió a tratar de destruirlo directamente. Creo que sabían que no tenían suficiente apoyo popular para lograrlo. En cualquier caso, en esta primera era de reajustes en los sistemas públicos del Estado de Bienestar, los profesionales sanitarios, ahora ya, como hemos dicho, intensamente laboralizados, empezaron a ir a la huelga y, consiguientemente, a surgir los primeros análisis éticos de la cuestión. Fueron los países de la Commowealth bajo la órbita del thatcherismo -Reino Unido, Nueva Zelanda, Sudafrica-, o afines como Israel, los primeros en sufrir estas huelgas. Las reivindicaciones planteadas en todas ellas eran básicamente laborales: salarios, despidos, carga de trabajo y horario laboral. En España, a la que todo llega con una década de retraso, la huelga de los médicos del Insalud de mayo de 1995 -no secundada por la enfermería- , liderada por la CESM con el apoyo de la OMC, es en mi opinión claramente heredera de esta tendencia. La paradoja es que quien gobernaba entonces era un partido socialista. En cualquier caso, estas huelgas médicas se plantearon claramente desde la segunda identidad: la del médico como trabajador, de ahi el liderazgo sindical de la medida. No tengo tan claro que, al menos en España, visto quienes lideraban las movilizaciones y el trasfondo político que portaban, esta identidad se acompañara por entonces de la tercera identidad, la de la transmutación del perfil profesional clásico en uno nuevo: el que a la idea del contrato moral individual médico - paciente añade la dimensión social, la del contrato moral colectivo con la sociedad en orden a la protección de la salud pública y la justicia sanitaria.  Sin embargo sí creo que en los siguientes 20 años de relativa paz sanitaria que hemos vivido en los países avanzados y, en concreto, en España, esta tercera identidad se ha ido generando e incorporando a la mentalidad de muchos profesionales -aunque nunca de todos- .

Pero la nueva crisis económica, generada esta vez directamente -a diferencia de la del 73 que tenía más base en la economía real- por el capitalismo neoliberal financiero, ha acabado con los 20 años de paz. Lo asombroso es que el neoliberalismo económico, político y moral, el mismo que ha generado la crisis, haya hecho de la aparente debilidad, fuerza y virtud. Tanto como para considerar que había llegado el momento de acabar la tarea iniciada por sus ídolos de los ochenta: la destrucción total, fundamentalmente mediante la privatización, de los sistemas de protección que vertebran los Estados de Bienestar. Y en esto estamos.

Pero lo más interesante es descubrir que la identidad desde la que los médicos, los profesionales sanitarios en su conjunto están yendo ahora a la huelga es, otra vez, diferente de la de los anteriores ciclos. Ahora, si creemos lo que se nos dice, las reivindicaciones no provienen tanto de su identidad como trabajadores, aunque también existan reivindicaciones en este campo como es natural, de ahí la presencia de los sindicatos. Lo que parece alumbrar es la adquisición de una nueva identidad, la cuarta: la que integra la dimensión profesional comprometida no sólo con los pacientes individuales sino con la sociedad en su conjunto para convertirse en identidad ciudadana, vinculada a la defensa general de los derechos, las libertades y la justicia. Se trata de una identidad con fuertes bases en la ética civil y con un perfil de compromiso político - ¡que no partidista!!-, en la onda de los movimientos sociales que se han generado en muchos países y a muchos niveles para hacer frente a esta crisis tan despiadada.  De aquí el peso, en esta nueva huelga médica, de las organizaciones profesionales, incluyendo una OMC que ha virado de manera estupenda desde las posiciones reaccionarias que defendía hace tan solo unos pocos años.

Personalmente me identifico plenamente con esta nueva identidad y, por tanto, vaya mi apoyo más sincero a cuantos se empeñen en esta lucha pacífica. Pero..., hay un "pero". Es el siguiente: la nueva identidad no puede anular a las anteriores. Si alguna de estas identidades se vuelve hegemónica sobre las demás y las anula, se cruzarán líneas rojas del comportamiento ético profesional. El reto ético es, por tanto, en una huelga de profesionales sanitarios, cómo actuar de tal manera que se respeten al mismo tiempo las cuatro dimensiones de la identidad profesional, para que la medida tenga plena legitimidad ética. Yendo a lo concreto: no creo que parar la actividad general del sistema sanitario durante dos días sea algo éticamente incorrecto siempre y cuando se garantice la atención sanitaria de las emergencias, urgencias u otra actividad sanitaria cuya demora produciría daño directo a  los pacientes (por ejemplo, una cirugía programada de una neoplasia grave). Todo lo contrario; creo que lo que está en juego es tan importante que puede y debe hacerse, igual que muchas otras medidas de protesta pacífica.

Pero sí creo que una huelga indefinida o ilimitada es algo cuestionable. Hay dos motivos. Uno es estrictamente ético: creo que se cruzan las líneas rojas que antes mencionaba y acaban por destruirse los valores que se defienden. Otro es puramente estratégico, pero no menos importante porque lo que nos estamos jugando es enormemente relevante: al final, los apoyos más importantes se pierden. Y estos son dos: uno el de los propios pacientes, porque la gente aguanta unos días sin atención sanitaria pero no "semanas"; otro, el de los propios profesionales en huelga, porque al final el bolsillo se resiente. Acuérdense de lo que paso con la "marea verde" en Madrid... ¡Seamos más decentes e inteligentes que el poder contra el que peleamos!

Imágenes: Cuadros de Antoni Miró


jueves, 22 de noviembre de 2012

Aequitas



Suele pensarse que en los momentos de crisis profunda, como la que padecemos desde hace ya 5 años, hay que hacer más y pensar menos. Pero la experiencia dice lo contrario. En esta larga crisis hemos hecho ya muchas cosas y, sin embargo, visto donde todavía estamos, los resultados han sido más bien magros. Algo falla. A lo mejor es que lo que hemos hecho lo habíamos pensado poco y seguimos dando palos de ciego en medio de un sistema que parece derrumbarse por sus propias contradicciones. Quizás tenían razón los marxistas clásicos cuando decían que toda buena praxis comienza por una buena teoría, aunque toda buena teoría deba demostrar su valía volviéndose buena praxis.
Todo esto viene a cuento porque la crisis, que no es sólo económica, sino también política, social y, quizás, cultural, también afecta obviamente al ámbito de la salud. Ciertamente hemos hecho cosas con la salud; hemos tenido praxis, pero lo cierto es que ha sido muy contradictoria.
Fijémonos en la paradoja de los últimos meses. Por una parte, la legislatura anterior terminó con la aprobación de una Ley de Salud Pública que, aunque no guste a todos y sea criticable en muchos aspectos (luego veremos alguno), supone indudablemente un hito importante en el avance en una concepción moderna de lo que sea la “salud pública” y de cómo las diferentes administraciones deben vigilarla, protegerla y promoverla. Por la otra, la nueva legislatura se inició con un agresivo e inmoral proceso de desmantelamiento del Sistema Nacional de Salud, con importantísimas consecuencias en el ámbito de los derechos de los ciudadanos en esta materia.
Es difícil entender y asimilar tantos cambios en direcciones tan contradictorias, producidos en tan poco tiempo. Hay que reconocerlo, nos cuesta analizar, comprender, proyectar y dar respuestas con fundamento consistente. Abunda la intuición y la fragmentación, faltan diseños sólidos de fondo, marcos teóricos que articulen respuestas a corto y, sobre todo, a medio y largo plazo acerca de cómo debe entenderse la salud y la organización de los sistemas de salud.
Para muestra un botón, mejor, dos. Ambos tienen que ver con el uso de la palabra “equidad”. Esta es una palabra bien conocida en el mundo de la filosofía política y la justicia distributiva y está indisolublemente ligada a la Teoría de la Justicia de John Rawls.  Desde ahí ha saltado al lenguaje de la política y la salud pública y su uso se ha generalizado pero, con frecuencia, perdiendo precisión y densidad.
Así pues, primer botón.  En la Ley 16/2001 de Salud Pública de Andalucía, el término “equidad” es fundamental: se usa 19 veces a lo largo del texto. Pero sin embargo la definición de lo que significa eso es más bien exigua y se da en la Exposición de Motivos: “el derecho de las personas a disfrutar, en igualdad de oportunidades, de una vida saludable”. Pero nadie aclara qué se entiende por “igualdad de oportunidades” y por “vida saludable”. Tampoco hay respuesta a los interrogantes en el Artículo 4.g), que eleva el “Principio de equidad” a la categoría de “principio rector” de la actuación en Salud Pública en Andalucía…,¡sin definir tampoco en ningún momento qué entiende por tal cosa!.
El segundo botón es parecido al anterior, pero esta vez proviene de la Ley 33/2011 General de Salud Pública de España. Aquí la palabra “equidad” se usa con menor profusión: sólo 8 veces. Pero el resultado en claridad no es mucho mejor que en la de Andalucía. Parece que, en general, “equidad” se usa como un sinónimo de “igualdad”. Pero esto tampoco es muy claro pues la igualdad es, en esta Ley, un “derecho” (Art. 6) que, al parecer, tiene que ver fundamentalmente con la no-discriminación. También se encuentra en esta Ley un “Principio de Equidad” (Art. 3a), pero aquí tiene que ver más con la eliminación de las desigualdades sociales en salud, sin que, en cualquier caso lleguemos a hacernos una idea clara de lo que se entiende por la tal “equidad”. Vamos, que la precisión lograda es asombrosa.
Esta indeterminación tiene que ver sin duda con la falta de claridad de las bases teóricas, de filosofía política, que subyacen a los fundamentos subterráneos de textos jurídicos tan importantes como los citados. El tema es grave, porque debajo de las palabras mal definidas, mal entendidas o mal aplicadas, pueden anidar inadvertidamente contrabandos ideológicos insospechados; insospechados incluso para quien elabora bienintencionadamente tales textos.
Sin duda, una de las preocupaciones más importantes que muchos tenemos es cómo evitar que la crisis generalizada incremente la injusticia general y la del ámbito de la salud en particular. Parece urgente rediseñar los sistemas de salud en sus diferentes facetas –asistenciales y de Salud Pública- para que protejan de manera más sólida dicha salud y eviten la injusticia en el nuevo escenario creado por la mentada crisis. No basta ya sólo con detectar las “desigualdades en salud” –aunque obviamente, es muy importante hacerlo-, hay que buscar formas efectivas de superarlas.
Pero para hacer esto necesitamos volver a la teoría fundamental, a la que trata de pensar cómo el ideal, el valor de la Justicia, puede construirse mejor en nuestras sociedades y en sus instituciones básicas, entre las cuales están las que tienen que ver con el amplio y complejo mundo de la salud. Esto es, frente a la crisis y al desmantelamiento del Sistema Sanitario Público en España, además de manifestarnos todas las veces que haga falta, tendremos que sacar un rato para estudiar o reestudiar a John Rawls y Norman Daniels, a Amartya Sen y Jennifer Prah Ruger, a Martha Nussbaum y Sridhar Venkatapuram, a Gerald Dworkin y Shlomi Segall, a Jurgen Habermas y Graham Scrambler, a Gerald A. Cohen y a Vicenç Navarro ... Nuestros políticos en ejercicio no lo van a hacer. Pero a nosotros..., nos va la vida y la salud en ello.

Imágenes: Jeremy Geddes (Óleos)

jueves, 5 de enero de 2012

Francesc Abel y el tiempo de los insurrectos

Este ha sido un largo silencio motivado por muchas razones muy diferentes. Pero creo que hay que volver. Quiero tratar de contribuir a mantener la esperanza colectiva, la reflexión crítica, sosegada y rabiosa al mismo tiempo, en estos momentos complicados, donde la economía parece haber vencido a la Política, la mentira a la Ética y la demagogia a la Retórica. Es tiempo, por tanto, de reafirmar las Resistencias que hace ya 8 años urgía Ramonet. O como decía mi querido Emmanuel Mounier, manifestándose en 1949 en contra de la creación de la OTAN, "contra esta guerra ha llegado esta vez el tiempo de los insurrectos.
Pero comenzamos la vuelta y el año recien estrenado con la pérdida de uno de nuestros referentes clave en el mundo de la bioética española, un permanente insurrecto: el P. Francesc Abel , que falleció el 1 de Enero de este mismo año 2012. 
Abel, a quien no tuve la fortuna de tratar en profundidad, fue uno de los pioneros de esa fecunda bioética que, desde referentes católicos inspirados por la Teología Moral renovada del Concilio Vaticano II -hoy tan denostado- , facilitó a personas creyentes y no creyentes un terreno común en el que debatir, compartir y discrepar razonadamente sobre los problemas éticos de la biomedicina. Su principal legado, el Instituto Borja de Bioética, sigue siendo hoy en día un lugar clave para todos los que andamos por estos pagos de una bioética crítica y plural. 
Abel, con su espíritu abierto, creativo y antiautoritario fue un vivo ejemplo de lo que quiere ser una bioética que responda con altura a los tiempos que vivimos. Por eso, como no podía ser de otro modo, tuvo sus dificultades con la jerarquía de la Iglesia Católica oficial, siempre alérgica al debate crítico, permanentemente atada a los dogmas intelectualmente perezosos. Basta recordar el documento del Instituto Borja de 2005 titulado "Hacia una posible despenalización de la eutanasia", que tantas críticas recibió, o el magnífico monográfico de 2009 "Consideraciones sobre el embrión humano" que con enorme respeto se distancia de la posición oficial de la Iglesia Católica en esta materia. 
Hoy, sin Abel, estamos más huérfanos. Necesitamos más gente como él y confiamos en que el Instituto Borja seguirá siendo un semillero de nuevos insurrectos. Los necesitamos, hoy más que nunca.      

miércoles, 25 de mayo de 2011

Alega, que no es poco

Si tuviera que describir mi experiencia reciente como miembro del Grupo de Trabajo del Ministerio de Sanidad para elaborar el Anteproyecto de Ley de Final de la Vida del Gobierno de España, tendría que utilizar muchas de las geniales escenas que pueblan una de las mejores películas del surrealismo español, "Amanece que no es poco".  Ahora, puestos a continuar el guión que nos encamina hacia ese amanecer donde quizás el sol acabe, como en la película, saliendo por el Oeste, nuestro Ministerio ha abierto el trámite de audiencia.

Lo ha hecho solicitando a determinadas organizaciones que remitan su informe sobre la Ley al Ministerio en un plazo de 7 días hábiles, sin dar explicaciones de los motivos que impiden el período normal que es de 15 días hábiles. Será por aquello de dar facilidades a la participación y el debate, que tanto le encantaba a la Ministra repetir.

No se sabe todavía si el trámite incluirá un período de información pública, donde cualquier organización que se considere afectada puede alegar. Entre las actitudes de partida que hemos vistos en el Ministerio, nada proclives a la trasparencia, y el tiempo tan escaso de que se dispone para garantizar que entre en el Parlamento a tiempo antes de la debacle final,  es dudoso que se haga o, de hacerse, el período volvería seguramente a ser el mínimo de 7 días hábiles.

En cualquier caso, con la intención de facilitar a cualquier persona u organización del tipo que sea la posibilidad de redactar su propio informe de comentarios o alegaciones de forma rápida he realizado uno por mi cuenta. Lo pongo a disposición de todo el mundo de forma totalmente libre, Puede,por tanto, descargarse y emplearse a la libre conveniencia de cada uno, obviamente si se está de acuerdo con su enfoque y contenido.

Espero que sirva para algo. El Anteproyecto tiene unos cuantos errores y algún disparate. Es fundamental que entre todos tratemos de convencer al Ministerio de que los corrija.


Informe Alegaciones Ley Final de la VIda España



Imágenes: Cuadros de Paul Klee

miércoles, 18 de mayo de 2011

Legislar para vivir y morir

El Ministerio de Sanidad nos negó, a algunos de los miembros del Grupo de Expertos, el acceso directo a los sucesivos borradores del texto de la llamada Ley “de Cuidados Paliativos”, que nosotros mismos estábamos alimentando a ciegas. Apelaban a la necesidad de garantizar el “secreto”. No debíamos ser gente confiable, lo que no se entiende entonces es por qué nos convocaron. Pero a las pocas horas de ser aprobado dicho Anteproyecto por el Consejo de Ministros, ya se había filtrado y estaba accesible en la web de la Cadena SER. Al menos no podrán culparnos a nosotros, que nunca lo tuvimos. Pero vayamos al texto, que sólo conozco gracias a dicha cadena radiofónica.

Se trata de un texto correcto en su redacción, lo que posiblemente es achacable a la participación del Ministerio de la Presidencia en su elaboración. Toma claramente como base principal la ley andaluza llamada de “muerte digna” y sus clones navarro y aragonés. Hay poco de la “ley francesa de 2005" de la que habló en su día el Vicepresidente Rubalcaba, por la sencilla razón de que el texto andaluz es conceptualmente más rico. Casi todos los contenidos y conceptos que de forma valiente introdujo la ley andaluza están aquí. Pero se le da un giro a la redacción que hace el texto ágil.

Con respecto a la definición de “eutanasia” y el “suicidio asistido”, la Exposición de motivos no incluye las precisiones de la ley andaluza, lo cual es una pena. El miedo a la polémica, sin duda, ha podido más esta vez. Directamente se afirma que por tales deben entenderse las prácticas tipificadas por el Código Penal (Art. 143), circunstancia que no se va a cambiar. Es decir, que se confirma lo anunciado de forma reiterada por los Vicepresidentes del Gobierno: que no se van a legalizar bajo ningún concepto estas prácticas.

De todas formas no servirá de nada: siempre habrá quien mienta, manipule y acuse de que en realidad se legalizan de forma “encubierta”. Ya pasó con la impostada polémica en torno al término “muerte digna”. Calumnia, que algo queda. Algo de esto hay en la Carta Pastoral "Sólo Dios es el Señor de la vida" de los obispos aragoneses relativa a la ley aprobada por su Comunidad Autónoma. Contrasta con la mesura de la nota que sus colegas episcopales del sur hicieron sobre la ley andaluza.

Todas estas infamantes razones servirán seguramente a los populares para votar en contra de esta ley cuando llegue al Parlamento, a pesar de que en Andalucía la apoyaron. Pero es que los tiempos electorales no son tiempos propicios para escrúpulos éticos y problemas de coherencia. Son tiempos fríos y aritméticos en todos los bandos. No deberíamos, sin embargo, relegar algo tan serio como es el bienestar de los enfermos terminales o la seguridad de los profesionales sanitarios a la condición de mero instrumento para ganar o perder elecciones. La sociedad española ha demostrado con creces su madurez para abordar con responsabilidad estas materias y se merece que se la permita debatir de nuevo sobre ellas con la profundidad y seriedad que requieren.


Se abre ahora un período de debate del anteproyecto que es una ocasión propicia para ello. El Gobierno debería poner todos los medios posibles para que los ciudadanos, incluso el mero ciudadano de a pie no adscrito a ningún partido político, sociedad científica, organización social o religiosa, pudiera hacer oír su voz. Quizás es el tiempo de abrirse a las redes sociales y superar así los miedos y el rancio hermetismo que han caracterizado el proceso de elaboración de este primer texto. Hay muchas cosas a mejorar.

Por ejemplo, hay errores conceptuales graves, como la ambigua expresión de “tomar en consideración la voluntad” del paciente o el representante cuando los profesionales piensen que debe procederse a la Limitación del Esfuerzo Terapéutico (LET) porque los tratamientos resultan inútiles. ¿Ese “tomar en consideración” quiere decir simplemente aceptar lo que el paciente quiera, aunque vaya en contra de la Lex Artis médica? Por ejemplo, ¿significa que, si un paciente en situación terminal exige ser reanimado en caso de sufrir una parada cardiorrespiratoria, entonces hay que hacerlo? Si eso es así, entonces se acabó la discusión sobre la “proporcionalidad de las medidas terapéuticas”, expresión que utiliza el texto en lugar de LET y que, por cierto, está directamente tomada de la teología moral católica. El artículo sobre los Comités de Ética también debe ser radicalmente modificado. ¿A quién se le habrá ocurrido eso de dedicarlos a redactar modelos de testamento vital? La ignorancia es realmente atrevida.

También hay ausencias notables, como los criterios orientativos para evaluar la capacidad de los pacientes que incluyen las leyes autonómicas o las medidas sociales que han solicitado las sociedades y colegios profesionales. Algunas de ellas son fáciles de incorporar, como la necesidad de desburocratizar la prescripción de estupefacientes para el tratamiento del dolor y contribuir así al aumento de su uso. Bastaría incluir una Disposición Final que abra la puerta a este proceso. Otras, como las bajas laborales de cuidadores de enfermos terminales o la creación de un procedimiento abreviado para que estos enfermos accedan a la Ley de Dependencia por una vía urgente son más complejas; chocan con la realidad de la situación económica y con la progresista decisión política de apoyar antes a los bancos y cajas que a los enfermos terminales y sus familias.

De todo ello debemos debatir de forma abierta y serena. Uno de los interlocutores a los que deberíamos escuchar es al Comité de Bioética de España, un organismo que sorprendentemente no ha sido consultado hasta la fecha, lo que contrasta, una vez más, con la frescura y dinamismo del proceso que se siguió en Andalucía. Allí, el proceso de elaboración de la ley se inició con la consulta de la Consejería de Salud al Comité de Bioética de Andalucía. Por tanto, dado que se ha seguido muy de cerca la ley andaluza para elaborar los contenidos del primer borrador, sería adecuado imitarla también en el proceso participativo y de debate que la caracterizó. Todos ganaríamos con ello.

Imágenes: Graffitis de "El Niño de las Pinturas". Granada.


jueves, 10 de febrero de 2011

Un soufflé muy digno

Por fin murió la muerte digna. Todos nos hemos sentidos aliviados ante la noticia de que la peligrosa expresión "muerte digna" desaparecerá del proyecto de ley del gobierno. Diario Médico nos lo ha contado con su habitual trasparencia, objetividad y neutralidad ideológica. Así pues, ya no se hablará más de "Ley de Cuidados Paliativos y Muerte Digna". En su lugar, el inofensivo título "Ley sobre cuidados paliativos y condiciones dignas en el proceso de la muerte". Una victoria indudable de la capacidad argumentativa y de la claridad intelectual.



La mejor muestra de la elocuencia argumentativa que se ampara detrás de este hito cinegético, las palabras del Sr. Salvador Armendáriz, diputado de Unión del Pueblo Navarro, incluidas en el texto de la argumentación de defensa de la Moción que presentó el pasado 4 de febrero, como ya había anunciado en la Interpelación urgente que dirigió al Gobierno en la sesión plenaria del 26 de enero:

"Resulta necesario, llegados a este punto, llamar la atención sobre la expresión gubernativa «muerte digna», adjetivo que distorsiona el significado propio de dignidad y que induce a confusión. La dignidad de la persona es un valor intrínseco a la naturaleza humana, desde la concepción hasta la muerte. Su existencia es objetiva, real, independiente de circunstancias concretas y que, por tanto, su significado no puede ser reducido a sinónimo de calidad de vida. En este mismo sentido es entendida la dignidad por de la DUDH de 10 de diciembre de 1948 —las Naciones Unidas proclaman su fe «en la dignidad y el valor de la persona humana»— y por la Constitución Española de 1978, que en su artícu lo 10.1 la concibe como «fundamento del orden político y de la paz social». Por tanto, entendemos que si el objeto de la nueva legislación es regular acerca de los cuidados paliativos, bastaría con que el título de la nueva norma hiciese referencia a éstos, evitando así toda posible confusión con el concepto de eutanasia, respecto de la cual «no estamoshablando», según palabras textuales de la Ministra de Sanidad durante el debate de la interpelación origen de la presente iniciativa".

Bueno pues finalmente, gracias a una enmienda transaccional del Grupo Socialista (¡!) la Moción finalmente aprobada por el Congreso este pasado 8 de febrero consiguió liquidar el perverso término. Aquí dejo toda la colección de textos de las discusiones y devaneos parlamentarios, incluido el texto final de la Moción finalmente aprobada.



En fin, ya tuvimos aquí ocasión de hablar de lo fácimente manipulable que es el término "dignidad" y de la confusión que rodea su uso. Pero vayamos al grano: ¿alguien puede explicarme en qué consiste la peligrosidad de la expresión "muerte digna"? Hablamos de "vida digna", "parto digno", "tratamiento digno", "atención digna", "trabajo digno", etc, etc, sin problema, ¿cuál es el problema de la expresión "muerte digna", ¿qué diferencia real de tanto calado existe entre "muerte digna" y "dignidad de la persona en proceso de muerte", que usa la Ley 2/2010 de Andalucía, o "condiciones dignas en el proceso de muerte", como hábil e inteligentemente han apostillado nuestros diputados?  No la hay desde un punto de vista riguroso conceptual.  NO LA HAY.

¡Pero claro!, ¡cómo no había caído en ello!: es que con la primera parece que se quiera dar paso a la otra bicha, la "eutanasia" y con la segunda la conjuramos claramente y nos protegemos de su venida. Armendáriz dixit. Pero hay que ser pueril y falto de inteligencia para vincular automáticamente una cosa con otra, o pensar que las palabras actúan mágicamente. La ley que prepara el gobierno no contempla la eutanasia y el suicidio asistido simplemente porque esa ha sido la decisión política del ejecutivo y no porque se utilice un nombre u otro. No tiene nada que ver con la expresión "muerte digna".

Por eso todo el debate en torno a esta expresión es un puro soufflé, puro contrabando ideológico y gratuito, pura invención, pura impostura de incapaces de argumentar con seriedad las cosas, pura emocionalidad interesada. ¡Con estos mimbres se hacen la política, la deontología y la teología en este país!. Es lamentable.

Por tanto, obviamente, me da igual el cambio de título. No tengo ningún interés en empeñarme en que se utilice una expresión u otra: son todas sinónimas. Por mi parte ya me he manifestado en otras ocasiones abiertamente a favor de que este país abra de una vez por todas el debate de la legalización de la eutanasia y el suicidio asistido. Me parece que es una manera de "proteger la dignidad de las personas en proceso de muerte". Creo que si, junto con unos buenos cuidados paliativos, avanzamos también por aquí, como ha hecho Bélgica,  mejoraremos las  "condiciones dignas en el proceso de la muerte" de algunas personas. ¿Lo he dicho claro?..., y  ahora..., ¿qué?, ¿volvemos a cambiar el nombre del Proyecto de Ley?.



Figuras: Cuadros de Richard Estes.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Dignidad

¿Aceptar libremente, siendo una persona de baja estatura, ser lanzado en un campeonato de "lanzamiento de enanos" (dwarf tossing)?, ¿ejercer libre y voluntariamente la prostitución?, ¿practicar el sadomasoquismo, como sujeto activo o pasivo?, ¿ser hombre-anuncio de "compra de oro" por las calles de Madrid?...

Todas estas prácticas, aún siendo aparentemente tan diferentes, han sido cuestionadas y debatidas a la luz de una palabra: dignidad. En general, se ha dicho que son éticamente inaceptables porque son vejatorias y siempre comportan un atentado contra la dignidad de las personas. Sin embargo argumentar este juicio no es tan sencillo y seguro como parece.  

El término "dignidad" es uno de los más importantes de la Ética, en concreto de la ética moderna que se inaugura en el Renacimiento. La literatura humanista que trataba de recuperar la centralidad del ser humano para la filosofía, la política y la historia comenzará a usarlo con profusión. Así lo hizo el italiano Giovanni Pico della Mirandola en su famoso "Discurso sobre la dignidad del Hombre" (1486) o el menos conocido, Hernán Pérez de Oliva, de origen cordobés, en su "Diálogo de la dignidad del hombre" (1531).

Pero sin duda alguna, el término está indisolublemente asociado a Inmanuel Kant y a la filosofía práctica que inaugura con la "Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres" (1785) y sus diferentes formulaciones del "imperativo categórico". La dignidad del hombre proviene de su capacidad autolegisladora, de su autonomía. Esto lo convierte en fin en sí mismo, algo que no puede ser utilizado sólo como un medio, algo que no tiene precio, sino dignidad.

"La razón refiere, pues, toda máxima de la voluntad como universalmente legisladora a cualquier otra voluntad y también a cualquier acción para consigo misma, y esto no por virtud de ningún otro motivo práctico o en vista de algún provecho futuro, sino por la idea de la dignidad de un ser racional que no obedece a ninguna otra ley que aquella que él se da a sí mismo.
En el reino de los fines todo tiene o un precio o una dignidad . Aquello que tiene precio puede ser sustituido por algo equivalente , en cambio, lo que se halla por encima de todo precio y, por tanto, no admite nada equivalente, eso tiene una dignidad."


Y un poco más abajo concluye rotundamente:

"La autonomía es, pues, el fundamento de la dignidad de la naturaleza humana y de toda naturaleza racional".

El concepto de "dignidad" es, en la perspectiva kantiana, un concepto "formal", es decir "obliga" pero sin determinar a priori el contenido de esa obligación. Son los seres humanos en conjunto y, cada uno para sí mismo, quienes deben dotar de contenido material esa obligación formal de "respetar la dignidad de los seres humanos". Este proceso es, por tanto, necesariamente contingente e histórico, cambiante. Lo que hoy consideramos "indigno" mañana puede llegar a dejar de serlo, y viceversa.

Casi nadie niega hoy en día que la mejor manera de dar contenido al ideal formal de la "dignidad" es la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) y los Pactos (1966) que la desarrollan. Pero esta Declaración tiene un valor contingente y es fruto de la historia. Es decir, la manera de realizar prácticamente el ideal de la "dignidad" cambia. Nuevos derechos surgen cada día y otros pasan a segundo plano. Todo ello porque, como dice la primera línea del Preámbulo de la Declaración, "la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana". De igual modo, esta idea de dignidad encabeza el artículo 10 de la Constitución Española (1978), abriendo el Título I del texto, dedicado precisamente a los "derechos y deberes fundamentales" de los ciudadanos españoles. Es la clave de bóveda formal de todo el texto constitucional y a la luz de ella hay que interpretarlo.

Sin embargo, algunas personas entienden todo esto de otra manera. Ellas dotan de contenido definitivo el ideal de la "dignidad", entendiéndolo como una nueva manera de explicar el antiguo "derecho natural", donde el ser humano tiene una serie de derechos a priori, intrínsecos y definitivos, "por su propia naturaleza", que todos debemos respetar. Lo cierto es que la voluntad "autolegisladora" de la autonomía kantiana queda, en esta interpretación, muy cercenada.La impresión de que dichos contenidos son "impuestos desde fuera", heterónomamente, es muy importante.



Por eso es muy importante diferenciar tres niveles de uso de la palabra "dignidad".
 
El primero es el formal, es el que se predica de todos aquellos seres vivos a los que etiquetamos como personas, como seres con capacidad autolegisladora. De todos ellos decimos que merecen la máxima consideración y respeto, porque tienen dignidad y no precio. Ninguna persona, por muy lamentable que sea su condición física o psíquica o por muy cuestionable que pueda ser lo que haga, pierde en ningún momento este nivel de dignidad: ni los "enanos", ni las prostitutas, ni los sadomasoquistas, ni los "hombres-anuncio". Pero, paradójicamente, tampoco quienes los lanzan, contratan o utilizan. Las personas tienen, siempre, de forma inherente y formal, plena dignidad.
 
El segundo nivel trata de dar contenido práctico a ese ideal de dignidad. Ya no es por tanto un nivel formal, sino material. Actualmente identificamos como "dignas" aquellas prácticas o situaciones que predicamos o aplicamos a los demás y que son coherentes con los Derechos Humanos tal y como se definen en cada momento histórico. Respetar la dignidad de "los otros", de los diferentes a mi, consiste en proteger y cumplir los derechos humanos que les corresponden como personas. No es el "enano" lanzado quien actúa "indignamente", en todo caso es quien lo lanza. Lo mismo podría decirse de quien utiliza los servicios de una prostituta, compra servicios sadomasoquistas o contrata a un parado como "hombre-anuncio".  En todos estos casos, las personas parecen estar siendo utilizadas sólo como medios, y no como fines en sí mismas.

Pero hay un tercer nivel muy importante, también material. Es imprescindible para poder contrapesar el nivel anterior, para evitar que, pretendiendo proteger la "dignidad" de los "seres humanos en general", acabe produciendose, paradójicamente, lesión de la dignidad de los "seres humanos concretos". En este nivel cada uno define libremente lo que considera "digno" para sí mismo. Se trata del nivel de la autonomía personal. Es desde este nivel desde el que algunas personas de baja estatura consideran el ser "lanzados" simplemente como un trabajo más. No lo consideran necesariamente "indigno" hacia ellos y opinan que son justamente remunerados por hacerlo. Lo mismo sucede con quienes ejercen libremente la prostitución, venden prácticas sadomasoquistas o se contratan como "hombres-anuncio". Es precisamente el argumento de la libertad personal, que entronca directamente con la idea kantiana de la dignidad como autonomía, el que subyace en esta postura. 

No es siempre fácil articular el segundo y el tercer nivel. Los conflictos con la idea de "dignidad" surgen de aquí. Todos intuimos que el tercer nivel es esencial y que no es fácil etiquetar un comportamiento como "indigno" cuando el que lo padece no lo vive como tal, y viceversa. Sin embargo esto tiene al menos una condición y un límite. La condición es que dicho juicio sea verdaderamente libre, voluntario en su esencia. El límite básico es que la conducta no puede consentir en una renuncia a la propia libertad, porque este es precisamente -Kant, dixit-  el mismo fundamento de la dignidad. Por eso, uno puede aceptar ser "lanzado", prostituirse o trabajar como "hombre-anuncio". Pero lo que no puede hacer, aunque lo desee libremente, es venderse como esclavo.

Imágenes: Obras de Juan Cuéllar.

sábado, 11 de diciembre de 2010

"Whistle-blower": ¿chivato?, ¿traidor?, ¿espía?, ¿héroe?

A finales del pasado mes de octubre saltó a la prensa el caso de Cheryl Eckard.  Había sido despedida de su puesto como jefa del Control Global de Calidad del Laboratorio GlaxoSmithKline(GSK) por haber informado a la agencia gubernamental estadounidense de control de fármacos, la FDA (Foods and Drugs Administration), de que el Laboratorio había consentido la comercialización de fármacos defectuosos, adulterados, producidos en su planta de Cidra, en Puerto Rico, en el período de 2001-2005. La empleada denunció a la multinacional. Para evitar el juicio la empresa farmacéutica ha aceptado pagar una multa de 540 millones de euros por sus prácticas irregulares e indemnizar a la trabajadora despedida con unos 70 millones de euros.

Pero más allá del caso concreto, quizás el debate más interesante ha surgido en torno a la calificación moral de la conducta de la empleada. El término que utilizó el periódico El País para dar la noticia fue "chivata", algo que suscitó quejas de algunos lectores por el sentido peyorativo negativo que conlleva. Pero lo cierto es que es difícil encontrar una traducción adecuada del término inglés "whistle-blower", literalmente "el que toca el silbato" o "hace sonar la flauta". Así es como se denominan a las personas que revelan, tanto hacia dentro como hacia afuera, las conductas inapropiadas que se producen en sus propias organizaciones.

La historia está llena de famosos "whistle-blowers". Quizás el más famoso de todos sea "garganta profunda", aquel alto funcionario de la Administración norteamericana de la era Nixon que, desde el más completo anonimato, guió las investigaciones de los periodistas Woodward y Bernstein en el caso Watergate.  El nuevo "garganta profunda" del mundo globalizado a través de Internet sería, como dice el periódico El Mundo, la página de Wikileaks. Más correcto sería decir que lo son quienes han proporcionado a Wikileaks toda la información que está difundiendo.

En el mundo de la sanidad también hay famosos "whistle-blowers". Alguno de ellos bien importantes para la bioética. Henry Beecher fue en realidad uno de ellos. Lo cierto es que varias revistas de prestigio internacional rechazaron la publicación de su famoso artículo, porque consideraban que lesionaría gravemente el prestigio de la comunidad científica e investigadora y no querían enfrentarse a la previsiblemente negativa reacción de ésta.

Más cercana y problemática es la historia de Nancy Olivieri y la deferiprona.  Toda la documentación relevante del caso (en inglés) puede encontrarse en la web de la Asociación Canadiense de Profesores Universitarios. También incluyo a continuación una parte del trabajo que, sobre este caso hizo, en 2005, Mª Elvira Fajardo, alumna del Curso de Introducción  a la Bioética de la EASP de Granada.


Después de 2005 el acoso contra Nancy Olivieri por parte de Apotex, la empresa comercializadora del fármaco, ha continuado con nuevas denuncias por "difamación". Todo ello, mientras la evidencia científica sigue poniendo de manifiesto la utilidad limitada de este fármaco. En 2009, la American Association for the Advancement of Science, "Triple A-S" (AAAS), la asociación que edita la prestigiosísima revista Science, otorgó a Nancy Olivieri su "Premio anual a la libertad científica y la responsabilidad". El reconocimiento público a la corrección moral y honestidad de la "chivata" Olivieri no ha podido ser pues más claro.

Pero le ha costado mucho tiempo y mucho sufrimiento. Y es que, como dice Robert Hall en su libro An Introduction to Healhcare Organizational Ethics, "los empleados que revelan errores de una organización pueden, por lo general, esperar ser ellos mismos maltratados", no sólo por sus superiores, incluso por sus propios compañeros. Es más, sigue diciendo Robert Hall, "aquellos que dan el paso de informar acerca de actividades ilegales o no-éticas serán probablemente condenados al ostracismo, criticados, silenciados, sometidos a abusos, relegados en la promoción profesional o despedidos". No es pues de extrañar que muchos trabajadores prefieran el silencio cómplice. A las organizaciones no les gusta que se les diga lo que hacen mal. Menos aún a sus directivos. Y sin embargo saber lo que no funciona es un requisito imprescindible de toda organización que aprende y busca la excelencia, es una exigencia moral.

Pero las cosas no son tan sencillas. Las motivaciones del "chivato" pueden no ser siempre tan positivas. Hacerle caso sin adoptar precauciones puede ser un ejercicio peligroso e imprudente. En España todos tenemos bien reciente el caso del Hospital Severo Ochoa de Leganés, desencadenado por un informe anónimo de un "whistle-blower", a todas luces sesgado y malintencionado, que ha generado muchísimo más daño del que pretendía "evitar". Robert Hall dice que, para saber si una acción de "whistle-blowing" está justificada, deben respetarse algunos principios:
  • Se han agotado los procedimientos internos habituales para notificar y corregir las actuaciones consideradas no-éticas o ilegales.
  • El "whistle-blower" tiene una evidencia suficiente y consistente de las conductas que denuncia.
  • El daño producido a las personas y a la propia organización debe ser lo suficientemente serio como para compensar el daño que se producirá a la organización al hacer públicas las actuaciones inapropiadas.
  • El daño se está produciendo ya o es inminente.
  • La motivación principal del "chivato" debe ser la protección de otras personas y de la organización frente al daño que pueden producir las conductas inapropiadas, no la venganza o la obtención de beneficios directos o indirectos.
Aun así, no es fácil, ni para el que se enfrenta a la posibilidad de tener que asumir el papel de "whistle-blower", ni para el directivo que tendrá que escucharlo y decidir qué hacer. Suele haber, como en todo conflicto ético, varios valores en juego y priorizarlos no es siempre sencillo. ¿Qué debemos hacer cuándo sabemos positivamente que un colega cirujano de nuestro mismo Hospital es alcohólico? y ¿qué debe hacer con tu información el directivo al que se lo cuentas?...

Al final, de nuevo, sólo nos quedan la responsabilidad y la prudencia. Y es que nunca salimos de "Antígona", siempre, una y otra vez, volvemos a su argumento. Es nuestro sino como seres morales que somos. Ni héroes, ni santos, ni villanos, ni traidores, ni espías, los "whistle-blowers" sólo deben tratar de ser eso: sujetos morales responsables y prudentes. Y quienes los escuchan, también. 

Imágenes: Cuadros de DM Ross